Weeeeenas!!! xDD Aki Mari, reportandome!!! xDD Jeje bueno, pues como ya había mencionado, Pau y yo haremos un minific!!!(Que no tiene nada de mini! xDD) Y... pues aki está el primer capítuloo!!! Espero que les guste!!! Y por favooor comenten!!!! gracias!!! ❤❤❤
Capítulo 1
Tenía pinta de ser un día normal. Uno como todos los demás. Aunque qué más se podía pedir de mi... Primero, se me hacía imposible despertarme… Como siempre, era tarde. Mi madre estaba enloqueciendo abajo llamándome a gritos… La verdad, a mi no me importaba. Pero claro, tenía que llegar mi hermana para estropearme la mañana. Aunque ya me había despertado hace rato, seguía acostada, soñando con que era sábado. Estaba tan metida en mi sueño (para ver si se hacía realidad), que ni me di cuenta que mi hermana entró en el cuarto. Sentí un chorrito de agua helada caer por mi cuello empapando mi almohada. Entonces mi sueño cambió… Ya no era un sábado, si no el día en el que yo ahorcaba a mi hermana. Sonreí maliciosamente… Solté una risa maquiavélica que asustó a mi hermana y la provocó a huir de allí. “Misión cumplida”, pensé. “Bueeno… la almohada esta mojada, de todas maneras…” pensé, intentando encontrar alguna excusa para levantarme. Aparté la manta con un gran esfuerzo, y cogí la primera cosa que encontré en el armario, no muy ordenado. Cogí mis altavoces y me puse la música a tope, para despertarme. Me duché rápidamente y me hice una coleta. Bajé a la cocina y cogí y el panqueque que estaba esperándome en la encimera. Cogí mi almuerzo y salí de la casa sin despedirme, ignorando los alaridos de mi madre. El día era bastante soleado, pero hacía viento, y no era tan caliente como parecía desde mi cuarto. Ugh, odiaba los días demasiado calurosos… Prefería los días fresquitos, y nublados… Esos días que te da gusto meterte en la cama calentita, mientras ves a los de la calle congelándose. Jeje, cómo me gustaban… Pero más que todo, me gustaban esos días porque… especialmente en esos días es cuando tienes la esperanza de que el chico de tus sueños te dé calor. Suena estúpido, pero hay que reconocerlo: toda chica adolescente tiene su amor platónico, y ¿por qué iba a ser yo una excepción? En mi caso, este chico se llamaba Alex… Lo primero que tenía era… ese pelo! Ese pelo, a capas, castaño oscuro, que combinaba perfectamente con sus ojos color miel… Pero, claro, era popular. No es que en mi colegio hubiera muchas de esas cosas que salen en las típicas películas yankees (que ninguna había sido de mi agrado, por cierto): las populares, las feas, las empollonas, etc. En mi colegio, sólo estaban las populares. Los demás éramos todos una mezcla de cualquier cosa, y nos llevábamos bien entre todos, aunque fuéramos con nuestros propios amigos. Los populares eran otra cosa. El grupo se basaba básicamente en tías buenas y ricas y chicos más o menos como ellas. Los chicos siempre babeaban por las chicas populares (y siempre caían en sus trampas: la mayoría de ellos se chuleaban por haberse liado con alguna. Chicos…), y las chicas babeábamos por los chicos. Pero todas sabíamos que eran “inalcanzables.” Al fin y al cabo, eran chicos: cerebros llenos de culos y tetas…
Salí de mis pensamientos cuando sentí un fuerte golpe en la cabeza. “Ugh… Otra vez no…”, pensé. Me había vuelto a dar en la cabeza con un poste. “¿Ves? Eso te pasa por estar soñando mientras caminas…“, me dije a mi misma.
Al fin llegué al cole. Dios… Cuanto añoraba estar en casa… en mi cama calientita… soñando con ÉL… Levanté la vista para así no golpearme de nuevo. Esta vez si me fijé por donde iba, y, por primera vez, en las personas a mi alrededor. Llegué a mi casillero, dejé mis libros rápidamente. Mientras pensaba si necesitaba algo más, miré a mi derecha y lo vi ahí… Estaba en frente mío… tan cerca… Estaba a punto de acercarme un poquito más… solo un poquito más, pero no. Sonreí. Qué tonta.
El casillero se me cerró de golpe, pegándome un susto de muerte. Pero no era nada.
- Hola, mi niña.
- Intenta no asustarme de esa manera o te prohibiré que me llames así.
- Si sabes que lo adoras.
Javier era mi mejor amigo desde bastantes años. Apenas nos separábamos, hacíamos todos juntos… Era mi grupo particular, y no necesitaba a nadie más que a él para alegrarme el día. Seguramente hasta este punto os estaréis preguntando por qué me gustaba Alez cuando tenía a una persona tan maravillosa a mi lado… Bueno, pues lo nuestro era imposible, ya que Javier no podía enamorarse de mí. No podía enamorarse de ninguna chica, ya que su tipo eran los chicos. Sí, era homosexual. Supongo que fue así cómo empezamos a ir juntos. Ya sabéis lo tonta que es la gente: Aagg, un tío gay, que ascooo… Pues sinceramente, yo prefería a los gays mil veces antes que a los chicos (exceptuando a Alex, por supuesto ^^). Sentía verdadera simpatía por los homosexuales… Y Javier era la pura evidencia.
- ¿Qué tal estás esta mañana?
- Fatal. Me duele la cabeza.
- Te has golpeado contra la farola de la esquina pensando en Alex.
- Shh!! ¡Está al lado tuyo, Javier!
- Si no se ha enterado antes es porque es tonto…
- De todas maneras, ¿cómo lo has sabido?
- Es increíble que aún te preguntes esas cosas – dijo con una sonrisa -. Pero si lo deseas: a: tienes un moratón enorme en tu frente, b: suele ocurrirte, y c: te conozco muy bien.
- Demasiado bien, a veces…
Soltó una carcajada.
- Sinceramente, es una pena que seas gay. Ya me habría casado contigo.
- Ya me lo has dicho. Te tengo en mi lista, tranquila.
La campana sonó, anunciando el principio de las clases. Le di un beso en la mejilla a Javier, y corrí hacia mi primera clase: Historia.
Pues sí, era un día tan normal como todos los de mi vida. Historia estaba bastante bien, ya que me apasionaba la historia y todas las cosas antiguas, pero nos dejaba taaaantos deberes… En fin. Lo peor era biología. Es que no lo soportaba… No comprendía las cosas, me parecía todo sin sentido alguno… En fin, corría la voz de que el aburridísimo profesor de biología había decidido jubilarse (que ya era hora, porque no bajaba de los 70) por una enfermedad que tenía. Así que seguramente hoy no haríamos prácticamente nada en toda la hora, y yo podría hacer los deberes de historia para no tener nada que hacer en casa, y poder leer, o hacer algo con Javier.
La clase de historia pasó rápidamente, y el pasillo se convirtió de nuevo en un río de muchachos con cara de zombies perdidos, y alguna que otra pareja de tortolitos. Pasé rápidamente, y cogí mis libros de… Ugh, biología… Ahora me veríais hacer el pato en la clase más aburrida de la historia… Chanannn.
Entré en la clase, y por supuesto, no había señal de cualquier profesor. Me senté en mi pupitre, saqué los deberes de historia e intenté concentrarme en las preguntas y no en los múltiples aviones de papel que sobrevolaban mi cabeza.
- Hola, Dana – oí una voz al lado mío.
Cuando alcé la cabeza no podía creerme lo que veía: Alex. Alex me había saludado. Se sabía mi nombre. Me sonreía.
“Reacciona, so tonta.”
- Hola, ¿qué tal?
- Muy bien, ¿y tú?
- Genial, gracias.
“¿Cómo demonios puedo estar contigo sonriéndome de esa manera?”
- Bueno… ¿y qué haces?
- Pues, nada…
“Comiéndote con los ojos.”
-… deberes de historia…
- Ams.
Cogió una silla, y se sentó al lado mío. ¡¡Aaaggg!!
- Dana, ¿me podrías ayudar con biología?
Mierda.
- Claro, ¿Qué quieres que te explique?
- Pues, mira…
Empezó a explicar su problema con alguna que otra ecuación de elementos de los animales, que seguramente yo ni habría apuntado en mis notas… Dios, juro por mi mano que a partir de ahora tomaría notas de cada una de las palabras que el profesor diga y me mataré el cerebro hasta que las comprenda.
- Entonces, ¿me podrías ayudar?
- La verdad, apenas me acuerdo de esas cosas… A lo mejor si te traes tus apuntes, podríamos mirarlo juntos, y encontrarle el sentido.
Con una sonrisa, Alex se alejó y volvió en un trix con sus apuntes. Empecé a mirar las cosas… y alguna diosa de ahí arriba que seguramente habría estado en una situación parecida me iluminó y conseguí descifrar lo que significaba eso. Empecé a explicárselo tan contenta y orgullosa de mí misma, cuando un hombre bastante joven entró en la clase atropelladamente. Dejó sus cosas en la mesa del profesor, y se aclaró la garganta.
- Hola, chicos. Lo siento llegar tarde, pero es que me quedé haciendo unas cosas… El caso. Seguramente sabréis que Don Matías se ha jubilado. Y bueno, yo soy vuestro nuevo profesor de biología. Mi nombre es Miguel. Sin “dones,” por favor.
Mientras se presentaba a la clase, yo seguía mirando de reojo a Alex, que seguía al lado mío.
- Bueno, como es nuestro primer día juntos, pensé que podríais tener esta clase para hacer deberes o leer, sin hacer mucho ruido, por favor, mientras yo me organizo. Por favor, calladitos, que hay otras clases!
Todos se giraron y empezaron a hablar con sus amigos. Era el típico momento en que Alex se olvidaba de mí y se iba con sus amigos populares, pero en vez de eso, se quedó conmigo y siguió hablando conmigo como si el profesor no hubiera llegado nunca e intervenido nuestra conversación.
Continuará...



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