hallo!!! bueno pues nada... tengo mucha prisa xDDD asi que aquí dejo el capi!!! comenten por favor!!! xauuu!! besuuuuukiss :)
Capítulo 2
La clase de biología pasó rápidamente. La verdad, me entretuve mucho hablando con Alex. Habían tantas cosas de él que antes no sabía, pero que ahora quedaron grabadas en mi mente. No quería que la clase terminara, porque eso solo significaría que, como era la hora del almuerzo, Alex se olvidaría de mí… Y si eso pasaba, nunca me volvería a hablar… Eso era seguro. Al sonar la campana del almuerzo, me levanté lentamente de mi escritorio aún absorbiendo todo lo que habíamos hablado.
-Oye… Eh… Te… ¿Te gustaría almorzar conmigo?- Dijo rápidamente, como para no trabarse.
-Pues… Me encantaría. Solo déjame avisarle a Javier para que no se angustie. Jeje.- Le dije, un tanto nerviosa.
-Está bien. Te espero en… ¿la mesa cerca de la fuente?
-Por supuesto. Nos vemos ahí.
Salí de la clase y me dirigí a mi casillero. Ahí mismo me estaba esperando Javier, como todos los días.
-¡Hola mi niña! Hoy si que te has tardado…- dijo con mirada sospechosa… xD
-Si… Lo se. ¡Estaba hablando con Alex! ¡¿Lo puedes creer?! – Dije de lo más emocionada.
-¿Con Alex? ¡¡¡Woooooooow!!! xD- Dijo fingiendo emoción.
-Anda… Por lo menos emociónate un poco… de verdad…
-Bueno… ¡Wiii! ¡Hablaste con Alex!- Dijo ahora con mucha emoción… Pero emoción de verdad. xD- ¿Mejor?
-Mucho mejor. Muchas gracias. xD Em… Oye… ¿Está bien si hoy almuerzo con Alex? Es que no quiero que sea molesto para ti el quedarte solo…
-¡¡¡Nooo!!! ¡No me molesta en absoluto! ¡Anda, almuerza con el!
-¿De veras? ¡Gracias, mi niño!- le di un beso en la mejilla y salí corriendo a la cafetería a comprar mi comida.
Gracias a Dios, la cola no era muy larga, y no tardé en coger la comida. Corrí hacia la mesa donde se suponía que me esperaba (pero lo más probable era que no hubiera nadie ahí, y que todo hubiera sido un sueño al quedarme dormida en clase de biología, que parecía muchísimo más probable que todo lo demás…). Pero ahí estaba! Esperándome con una sonrisa.
Me senté al lado suyo con una sonrisa, y empecé a comer. Mierda, cómo me habría gustado haber hecho caso a mi madre cuando me hablaba sobre modales en la mesa… Ahora seguramente Alex pensaría que era una cerda y se iría a comer con sus maravillosas chicas.
- Menos mal que Don Matías se ha jubilado… A ver si el nuevo es mejor y consigo no suspender la clase.
- Eso espero, porque yo también estoy temiendo por mis notas…
Sonrió. Todas mis neuronas empezaron a gritar desenfrenadamente. “Callaros,” pensé “o os va a oír y me meteré en una situación nada acogedora.
- Y en las demás clases qué tal vas?
- Si. Las demás están chupadas.
- Bueno, no tanto. Matemáticas está durillo.
- En serio?
“Quieres que te dé tutorías? Aunque con un poco de suerte acabaremos haciendo otras cosas…”
- Sí…
- Pues a mí me están gustando bastante, la verdad.
- Eres una de las pocas que conozco que sean así. Las de mi grupo son unas imbéciles que no comprenden nada.
- Y entonces por qué vas con ellas?
- No sé… los chicos cuando hablan de otra cosa que no sea sexo son majos… Y bueno, costumbre.
- Ams… Bueno, pues cuando quieras, Javier y yo siempre estaremos ahí.
- Gracias.
Nos sonreímos. No sé cómo acabamos acercándonos un poco al otro.
- Ei, no te gustaría, yo qué sé… qued-
- Alex?
¡MIERDA! Quién era ese que acababa de interrumpir el momento más esperado en toda mi vida? Me giré para ver quién era y echarle una buena bronca, cuando vi que era el nuevo profesor de biología, Miguel.
- Sí, señor?
- Me podrías acompañar, que necesito hablar contigo?
Ahora que estaba tan cerca, me fijé un poco más en él. Tenía el pelo negro, no muy corto, pero tampoco tan largo como Alex, y revuelto, dándole el aspecto de un estudiante más que de un profesor. Tenía los ojos azules como el agua y su mirada tenía una chispa de picardía. Iba con un jersey negro remangado por los hombros y unos pantalones grises, formales, pero chulos. Sin duda no se parecía a ninguno de los profesores que había tenido antes. De todas maneras lo único que podía pensar en ese momento era que era la persona que había interrumpido mi maravillosa comida con Alex.
- Ehms… - me miró interrogante.
- Ve, Alex. Seguramente Javier estará sólo.
- Bueno… pues luego hablamos, eh?
- Claro, adiós.
- Adiós.
- Gracias por prestármelo, Dana. – susurró Miguel con una cálida sonrisa.
Yo le sonreí de vuelta, pero no sentía nada más que un inmenso odio hacia él. Es más, no me esforzaría en sus clases, y se lo haría imposible. Ja! Para que se enterara con quién se había metido. Si es que… los profesores son unos lelos. No comprenden lo que es “momentos inoportunos.” Más bien, lo comprenden al revés, porque es cuando te molestan…
Cuando Alex se alejó con Miguel, cogí mi plato medio lleno, y lo tiré a la basura. No tenía hambre. Me dirigí hacia donde siempre comíamos Javier y yo, y me senté junto a él, mientras me dirigía una mirada sorprendida.
- Ejem? Dónde está tu príncipe azul??
- Alguna vez te he dicho lo mucho que odio biología??
- Sí, me lo dices casi todos los días.
- Pues ahora la odio más aún.
- Sigo sin comprender qué tiene que ver eso con tu encuentro con Alex.
- Ha llegado el nuevo profesor, Miguel, y se lo ha llevado descaradamente como si no hubiera interrumpido nada, como si yo no existiera…
- Y eso?? – preguntó Javier preocupado.
- Pues no sé, tenía que hablar con él.
- Sobre qué???
- Ni lo sé ni quiero saberlo. Seguramente será una tontería y entonces sí que me pegaré.
- Pobrecita…
Javier me abrazó. Suspiré y me dejé llevar por sus cariñitos. Qué haría yo sin él…
- Pero algo habréis hablado, no??
- Bueno, sí, hablamos un rato…
- Cuenta, cuenta. Qué te ha dicho?
- Ems… pues que odiaba matemáticas.
- Maravilloso. Los chicos son la cosa más aburrida que he visto en mi vida… Seguramente sí es verdad que nos hicieron tontos para enamorarnos de ellos…
- Pero es inevitable – suspiré -. Tan inevitable como que los profesores sean imbéciles…
- Joder, sí que te ha dolido esa… Más vale que Don Miguel tenga cuidado…
Sonreí.
- Más le vale, más le vale.. Que si no...-
- Uyy…! Qué amenaza! JAJAJAJA!- Javier comenzó a reírse como loco.
- ¿Qué te pasa a ti? Estoy hablando en serio. ¡Ese… tío arruinó el mejor momento de mi vida!
- Tranqui, tranqui, lo comprendo…
- En fin… más me vale a mí que se me pase todo este mal humor o me voy a morir de asco.
- Venga, sólo quedan tres clases. Luego quieres que nos vayamos al cine? Hay una peli que tiene buena pinta.
- Gracias, Kai.
A veces llamaba a Javier Kai, cuando se preocupaba por mí. Había leído un libro maravilloso sobre una chica que se enamoraba de un fantasma que siempre estaba con ella, y él se llamaba Kai, así que le puse ese apodo a Javier. Además, la protagonista de llamaba Dana, como yo…
La campana sonó y fui a mis tres últimas clases. Dos las tenía con Javier, así que me lo pasaría bien. Además, eran Literatura, Lengua y Matemáticas. Tampoco era tan malo…
Salía de clases con Javier cuando vi que Alex se dirigía hacia nosotros.
- Hola, Dana!
- ¡Alex!
- Lo siento que te dejara de esa manera durante la comida, me he sentido tan mal…
- Tranquilo, tenías que ir con Don Miguel.
- Sin dones, recuerda.
Sonreí.
- Sin dones.
- ¿Quieres quedar mañana?
- Pues… - mierda, me había trabado -, Claro, por supuesto… ¡Claro, por qué no!
- Bueno, te paso a recoger mañana por la tarde, ¿vale?
- Venga, chao!
- Adiós.
Javier me miró con la boca abierta, y yo me puse roja como un tomate. Oh Dios Mío, esto no era posible! Hace un par de días yo era como invisible para él y ahora me pedía ir a salir con él!
- Santa Bárbara Bendita, patrona de los mineros, Dana!!!!
- Como no te calles esa boca que tienes te vas a meter en problemas conmigo – dije sonrojada.
- Intentaré callarme hasta que salgamos de territorio escolar…
Cogí la mochila rápidamente y eché a correr hacia la salida antes de que me diera un ataque y me pusiera a brincar en medio de la escuela, algo para nada aconsejable.
- Pero Dana, espérame! – dijo Javier corriendo detrás de mí.
- Tengo que llegar a casa lo antes posible para hacer todos los deberes y mañana no tener ni uno para poder irme con él.
- Vamos, que nuestro plan de salir…
- Lo siento, Kai, pero es que mañana…
- No, no, si yo también tengo muchos deberes – respondió con una sonrisa. A veces de verdad que sentía muchísimo que fuera gay.
- Gracias, te adoro.
- Más te vale.
En un abrir y cerrar de ojos, habíamos llegado a casa. Me despedí y entré.
- Dana! –oí la voz de mi madre.
- ¿Sí, mamá? – había oído el tono de enfado en su voz, pero estaba muuuy alto en las nubes, y el enfado de mi madre era algo inferior, terrestre.
- ¡Estás suspendiendo biología!
Mierda.
- ¿Qué?
- ¡Que estás suspendiendo biología! ¡No puedes seguir así, Dana!
- Pero mamá, todo el mundo lo está suspendiendo…
- No me importa lo que la otra gente hace. Ya he hablado con un profesor y va a venir a darte tutorías dos veces a la semana.
- ¡¿Tutorías de biología?! ¡¿Dos veces a la semana?!
Esta mujer estaba loca, en serio... Si alguien ha oído algo más ridículo que me lo diga ahora mismo, porque estaba apunto del colapso.
- Sí. Pasado mañana empiezas. Y seguirás hasta que yo esté satisfecha. Sales demasiado con Javier, y sé que es un chico maravilloso, pero deberías concentrarte más en los estudios.
Iba a replicar, pero al final desistí. Mi madre era invencible en estas cosas. En cuanto tenía las ideas claras, habías perdido la batalla. Y una de las cosas que más le enfurecían era que la respondieran, así que mejor dejarlo, o me pondría tutorías toda la semana…
- Bueno, vale, mamá.
- Venga, ya verás como te lo vas a pasar bien.
No veo cómo, pero bueno…
Continuará…